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No tengo televisión, fuente importante de información farandulera en la actualidad, por lo tanto: no tenía mucha idea hasta hace algún tiempo de quienes eran Vale Roth y Kel Calderón, y mucho menos sabía de los famosos videos que se les adjudicaban.

En muchos lugares donde estuve el comentario se hacía notar “viste el videíto de Vale Roth”? … “y después salió otro con la Kel Calderón”. Y así nunca entendí a qué se referían, hasta anoche que me lo explicaron meticulosamente y no entendí cuál era el real escándalo.

Para poder dar una opinión, busqué ambos videos y los vi; no sé cual apareció primero en la red sin embargo los veo en este orden: primer video una cama y un cuerpo con vestido rojo encima de otro cuerpo también vestido, el rojo se supone es Kel (quien mediáticamente ya reconoció ser ella), y la que está bajo ella es Vale. A un lado se ve un varón que ríe, luego todos ríen. Cuando presentan el video dicen “Parece que eran más que amigas…” o “el beso lésbico entre Kel y Vale Roth”. En el video, en ningún momento  se ve que se estén dando un beso, solo se ve un cuerpo rojo encima de otro cuerpo por unos segundos y luego se separan, casi un juego.

Segundo video, se ve una pareja entrando a un salón o recepción de edificio, hay un sillón cerca, la chica (Vale Roth, de quien tuve que ver muchas fotos antes para estar segura que era ella) se sube al sillón dándole la espaldas al joven, lo que termina en un bajón de pantalones para iniciar un supuesto follón que nunca se concreta (aburrido, hubiera preferido mas acción), pues ella se sube el pantalón y camina por un pasillo mientras él en el sillón se “ordena” el pantalón para luego seguirla.

Ahora: ¿por qué tanto escándalo? Claro está: Porque son Vale Roth y Kel Calderón, de quienes insisto: no sé mucho. Al parecer la primera fue o es bailarina, y ha estado en todos o casi todos los programas de televisión dónde justamente se baila o se actúa o se hace algún show parecido. La segunda, aparte de ser hija de Raquel Argandoña y estudiar derecho, no tengo idea quién es o qué más hace de su vida.  Sin embargo si usted busca en google Vale Roth o Kel Calderón, lo que aparece no es muy alentador para ninguna de las dos mencionadas.: escándalos, filtración de videos, ravotril, alcohol, violencia, carretes empedernidos, infidelidades, intentos de violación.  Grandes prontuarios que parecieran ser la dosis necesaria para estar dentro de la hoy llamada farándula chilena.

No quiero defender a éstas señoritas, sin embargo, ¿no hay acaso un gran porcentaje de personas que viven su vida de la misma manera? Ocurre simplemente que tienen la buena o mala cueva de ser “personajes públicos” y que “todo lo que hagan o dejen de hacer” está controlado por un público ansioso de chismes y escándalos, pues si el mismo video en el hall del edificio (grabado por cierto por la cámara instalada en el lugar), hubiese sido de una dueña de casa cualquiera, probablemente lo habría disfrutado únicamente el conserje y jamás habría salido a la luz pública, porque no es nadie importante entonces no es algo muy relevante de ser mostrado. Siendo Vale Roth  o Kel Calderón, no solo sales en la prensa, te haces famoso por la difusión o  generas un estruendo mediático sino que además semi arruinas la “carrera profesional” de las adjudicadas, o quien sabe: tal vez es una buena manera de generar más lucas, ser llamadas a programas de televisión para hablar de su versión (ganando millones con eso) y procurar la reivindicación pública a través del perdón que genera la culpa.  Por que el juicio es lapidario: “esta niñita Roth siempre vivió con sus pololos, y se fue de la casa a los 15…. Ha tenido hartos novios”, “Kel parece que es lesbiana…”  ¿cuántas chiquillas a los 15 años se van a vivir con sus pololos?, es mas: ¿Cuántas a los 15 años ya son madres y solteras? Ya no se llega virgen al matrimonio señores… es más: ya casi nadie se casa y en las dulces aguas del placer está el conocimiento para una vida alegre. El problema, si se le pude llamar problema, no es que la chiquilla sea una calienta sopa que folle con Pedro, Juan y Diego, pues no difiere del resto de las de su generación. El punto sobre la i, radica mas bien en que al parecer la señorita no tiene una “sexualidad responsable” pues no hay un amago de condón en el supuesto video candente, aunque es muy probable que apenas haya sido un delicioso preámbulo para lo que sucedió después, a solas, dentro de una habitación, y de lo cual jamás nos enteramos.  Y si Kel es o no lesbiana, me parece ser un asunto muy personal que solo le incumbe a ella.

Esto no es una defensa, pues bien creo que ambas señoritas no son un gran aporte intelectual o cultural para nadie. La pequeña cuota de inteligencia que alguna vez pudieron tener se les aporreó con tanto baile y tanta exposición pública.

Ahora: no son inteligentes para la vida, pero muy inteligentes para su carrera pues tarde o temprano todo esto les suma puntos mas que restarles, pues claro está que de ahora en adelante se pagarán grandes sumas de dinero para continuar vigentes, ya sea con escándalos o no, pero debe ser bueno tener 21 años y ganar millones al mes.  Si creo que son unas chiquillas consecuentes consigo mismas en el afán de hacer fama a costa de lo que sea. Incluso, de algún aburrido jueguito  sexual que solo ocurre mezclando ravotril con alcohol.

Exposición de Alexis Mandujano, María Ossandón y Jacinta Reyes

“Lejos de casa” es un proyecto en conjunto de Alexis Mandujano, María Ossandón  y Jacinta Reyes, en el cual se mezclan la pintura, los escenarios armados con maquetas y la fotografía, siendo ésta última la que logra aglutinar en una sola imagen las tres artes visuales. Con el teatro griego aparece la llamada pintura de escena a través del periacto, que se usaba para cambiar las decoraciones teatrales, teniendo al menos tres variedades de escenografías dentro de una misma pieza teatral. El trabajo visual de estos tres jóvenes tiene claros acercamientos al teatro, compuesto por las maquetas en miniatura de María Ossandon donde cada integrante del espectáculo cumple un rol fundamental para la escena realizada, a su vez, Jacinta Reyes usando acrílicos recrea paisajes naturales con una paleta fría y desoladora, donde la naturaleza en su máxima expresión se une a los personajes de Ossandón. Es aquí donde el tenue lente de Mandujano se hace presente, tanto al encuadrar ambas disciplinas como también al momento de iluminarlas, con tintes de Barroco sabiamente escogidos y las delicadezas luminarias al más puro estilo Edward Hooper.

Este trabajo visual centra su temática en la naturaleza dejando a relucir cómo ésta se manifiesta en diferentes estados, mostrándonos su magnitud y haciéndonos ver que después de todo existe por sobre la presencia humana. Y nosotros, desconsiderados seres humanos, hemos enfurecido tanto a la naturaleza en los últimos tiempos que terminamos entregándole las fuerzas necesarias para que nos responda con tanto enojo y asombro.

Estas imágenes parecen inocentes, dulces y tranquilas a simple vista, llenas de una tierna candidez, casi un juego de niños y es justamente en la entrelínea de cada imagen donde aparece un terror, una desolación, algo parecido a la tristeza que finalmente nos envuelve lentamente. ¿Cuánto nos han amenazado con la llegada del fin del mundo? Es clara la visión de apocalipsis en éstas imágenes, donde las diferentes calidades de azules de la pintura, la desolación de los personajes y la iluminación impuesta sobre la escena, logran denotar un dejo de melancolía o abandono, una suerte de seres perdidos en atmósferas sin tiempo ni lugar, pero sí en otro lugar, un no lugar inventado por éstos tres artistas visuales que solo ocurre en sus imaginarios personales, un lugar que está sin duda, lejos de casa.

Marisa Niño Verdejo

Santiago, Marzo 2012

“Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.
Samuel Beckett

 

Hace algunos años alguien me dijo, mirándome fijamente a los ojos: “estás condenada al éxito”. Creo que me reí un poco, por la frase soberbia que acababa de oír. ¿Qué es finalmente estar condenada al éxito? ¿Tener un trabajo estable con un sueldo reguleque? ¿Tener propiedades y un auto último modelo? ¿Casarse, tener hijos apropiados para portadas de revistas? ¿Ser una artista de renombre? ¿Ser gerente de la empresa top del momento? ¿Tener acciones?

Veo el éxito como una especie de carga soporífera que anula la vida, la verdadera vida; esa llena de placeres y maravillas. Esa que está repleta de pequeños sueños, de esos que caben dentro de un libro o en el bolsillo trasero de un pantalón. Esa que no es grandilocuente y se reduce en soñar con querer vivir frente al mar alguna vez, o bien en medio de un bosque frondoso. Los condenados al éxito tienen los sueños bloqueados, pues todo lo tienen en la palma de la mano y desconocen las bondades de la tristeza o la belleza de la melancolía. No tienen saudade[i]  alguna, no se sientan en sillas imaginarias a mirar el infinito.

Temen perderlo todo pues no saben lo que es perder y perderse uno mismo en el duelo con el fracaso. Esos condenados sufren un constante estado de calma, jamás entenderían el caos o la crisis, jamás comprenderían que estar en crisis es permanecer en un estado de acción donde el infinitivo krinein[ii] nos indica primero decidir luego dudar, o bien vacilar y después resolver a riesgo de equivocarse. Gracias a la crisis de los fracasados se entiende que el camino siempre es oscuro y pedregoso, pero que sin embargo conduce al conocimiento de la Razón, pues ella está justamente, en el final de ese camino. Se va desde lo más común, de eso que ha sido entregado por los dioses, a través del asombro y la levedad, de lo sutil de las cosas, hasta la cumbre más alta. Un condenado al éxito no se asombra, pues todo lo tiene. No se oscurece pues todo lo mantiene iluminado dentro de su burbuja de barbaridades materiales y estatus sociales.

Los condenados al éxito temen por sobre todas las cosas perder, un fracasado sabe que jamás se pierde de la misma manera, con el mismo dolor de esa primera pérdida, con la misma locura, ni la misma pasión. Un fracasado sabe que siempre va a perder, sabe de antemano que las posibilidades de pérdida están tan cerca de él como la posibilidad innata de morir incluso en el intento, por eso, y a pesar de eso y más siempre juega como si fuera la última vez; por eso sufre como si fuera la última vez, se apasiona como si fuera la última vez, y entrega todo de la misma manera, incluso quedándose sin nada. Pero insisto: ya perdió una vez, lo perdió absolutamente todo por lo tanto sabe que al final de cuentas ¿qué más se puede perder otra vez?

Un fracasado fuma cigarrillos caros ojalá de tabaco negro siempre a punta de elegancia y desparpajo, pues lo sabe como un placer para aquellos días en que se celebra algo tan simple (o potente) como estar vivo o bien, un comienzo de primavera o el final del otoño. Gana el dinero necesario para darse ese placer u otros como una cena especial, cocinada por ellos mismos, servida a la luz de las velas. Un exitoso tiene suficiente como para sacar la chequera en un restaurant donde comerá la misma comida, con el precio aumentado cuatro veces, y con una sirvienta a sus pies. Un fracasado tiene a sus pies a su amante, y es probable que en un juego sádico haga incluso, de sirviente. Y este mismo fracasado podría morir y vivir diez veces por eso, para volver a repetir la escena una y otra vez, solo por el placer de repetirla.

Fracasar es golpear tanto el vaso hasta que se quiebra, sabiendo, siempre sabiendo que este era su único final. Un condenado al éxito tiene tantas vajillas guardadas del más fino cristal que jamás notaria si falta una o cuatro. Y cuando se le quiebran es por accidente, no por resolución personal. No por ver millones de cristales pequeños explotando en alguna baldosa: solo para oír su sonido, para ver a cuantos metros cae el pedacito más pequeño.

Basta estar vivo para correr peligro, y “estar vivo es un lugar común bastante singular”[iii] . Aquel que me condenó al éxito fue mi primer fracaso en la vida, y de esa forma: el último. Después de eso entendí que quería sufrir todo hasta la última gota, y que quiero tener todo a lo que tengo derecho –las cosas buenas y las malas- y que no pretendo dejar nada para nadie. Después de haber fracasado una vez, he fracasado mejor.

Al final de cuentas: ya está todo perdido.


[i] Recuerdo grato de la persona ausente o de alguna cosa de la cual alguien se ve privado. Es como tener hambre de alguna fruta que probablemente jamás se haya comido, y sin embargo, en el aire se reconoce su aroma o incluso, su sabor.

[ii] Infinitivo del verbo que da la acción al sustantivo Krisis.

[iii] Germán Estrada Fricke (Concepción)

“No soy una intelectual, pues  escribo con el cuerpo. Ser intelectual  es usar sobre todo la inteligencia, cosa que yo no hago: yo uso la intuición, el instinto”.

Clarice Lispector

 ¿Cómo definir a Clarice Lispector o mejor dicho; su literatura? ¿Sobre qué escribe? ¿Puede el misterio referirse solo al misterio? Ni ella misma escapa a su propio misterio, el misterio de ser Clarice Lispector, el de ser un monstruo sagrado que se hacía cargo del mundo y que al escribir, buscaba una sola respuesta; esa que todos de alguna forma buscamos, esperamos o ansiamos, la más antigua de todas y la más, como no decirlo, escurridiza también, aquella que nos presenta el sentido de la existencia. Una pregunta que solemos hacernos cada cierto tiempo como si fuese la primera vez y que no deja de ser la pregunta más peligrosa de todas.

Suelen hablar de Clarice como alguien difícil de ser leído, como aquella bruja intrínseca y hermética que solo “algunos” pueden entender, pues tiene un idioma propio, un idioma que no es ni ucraniano ni brasilero, un idioma que es solo lispectoriano. Creo, sin embargo, que como ella sostiene, no se precisa ser “inteligente” para entenderla, Lispector escribe en simple pero se necesita eso si, de una “sensibilidad inteligente”.

La primera acepción se refiere a la acumulación de conocimientos, la segunda y sin duda la que nos permite vivir, es aquella que amplía nuestra percepción de lo vivo y lo real, aquello que nos hace oír un libro, o leer una música. Y ser inteligente también depende de la inestabilidad o poca atención de los otros. Lo difícil no es ser inteligente o sensible, lo difícil (y por eso Lispector se torna difícil), es tener la perfecta mezcla de ambas, lo que finalmente, se podría entender como un corazón inteligente, en palabras de Clarice.

Leer a Clarice Lispector no es difícil, es más bien estar suspendido en un permanente estado de pasión, es un estado que exige un cambio en la postura y los movimientos, es un estar alerta en la forma en que se toma el libro, el modo en que se hojea, la forma en que pasa de una página a la otra. Exige una total entrega de quien la lee. Exige un silencio absoluto de alma en quien la lee. En el fondo, Clarice habla de todo aquello que ocurre en el día a día, de los sobresaltos frente a las cosas más banales de nuestro cotidiano, describe cómo sería la mejor manera de caminar por las calles de alguna ciudad cualquiera, cómo entablar una conversación con un taxista, cómo mirarse al espejo y contemplarse a sí mismo. Pero ¿no es acaso terrible mirarse al espejo y tratar, por segundos, contemplarse a sí mismo? ¿No es tal vez el enfrentamiento más duro que podemos tener?

Al otro lado del espejo ella también nos habla, por ahí nos muestra  todo lo que se vive interiormente;  esos momentos, palabras o sonidos que solo nuestro corazón logra ser testigo, esas entrelíneas que van develando la realidad como quien desnuda una cebolla capa por capa y se van entonces, sondeando apenas los gestos, los susurros de lo que alguna vez fue una palabra, las miradas y no los ojos, los murmullos y no la boca. Es ahí cuando por fin estamos frente a ese espejo, ese donde podemos por fin, reconocer nuestra propia vida a través de sus palabras.

La probable dificultad de leer a Clarice no radica en no entenderla, sino más bien en que luego de estar frente a sus palabras, podríamos estar incluso frente a una oportunidad de cambiar nuestra mirada ante al universo, pues se requiere estar disponible para aventurarse en ella; sin miedo a la materia viva dentro de la barata.

Lo difícil es poner a prueba la inteligencia de nuestro corazón.

Para leerla “es necesario tener el alma formada”[i], es decir: necesitamos estar dispuestos a no poder entender ciertos procesos de la vida, o bien algo peor: no poder entender la vida misma. Y ahí ella aparece de nuevo, cuando sostiene que entenderla no es una cuestión de inteligencia y si una cuestión de sentir, de poder entrar en contacto.

Todas las personas tenemos una vasta cantidad de experiencias, de vivencias, de sensaciones y sentimientos que se activan dependiendo de la lectura que hacemos y en el momento en que la hacemos, y Clarice sabe eso muy bien y eso por eso que “vivir ultrapasa todo entendimiento”[ii].

Sus textos no solo son para ser leídos sino que también absorbidos, ella interroga cada vez que escribe, ella escribe lo sobrenatural en forma natural cada vez que interroga y la experiencia no deja de ser alucinante y peligrosa, muy parecido a vivir.

Y lo peligroso es precisamente estar frente a un ser humano lleno de limitaciones para continuar con la vida y lo que esto significa, un ser que está del lado del fracaso, de la crisis de la existencia, de los miedos y las grandes alegrías inesperadas.

Leer a Clarice es como sentir vértigo, es como lanzar una piedra en un pozo profundo y jamás escuchar el sonido de llegada.

 

 


[i] Clarice Lispector, La pasión según G.H.

[ii] Clarice Lispector.

Desde el año 2008 la chilena Winifrede Walbaum, ex voz y pandero de la banda Niña con Frenillos,  se embarca en su proyecto solista.  Es así, como algo que comenzó como un juego de aprendizaje de un programa de música, terminó en varias canciones que quieren ser un disco. La influencia musical está más que clara, se huele la crudeza de Nina Simone;  hay en sus canciones un dulce dejo de “Tell me more and more and the some” de la norteamericana jazzista, la calidez y candidez de Cat Power reflejada en canciones sobre temas universales: el amor, el desamor,  la entrelínea entre la felicidad y su contrario versus aquellas máscaras que usamos para pretender ser mejores personas.

El año 2010, el director chileno Nicolás López presenta su comedia romántica “Qué pena tu vida”, film donde Walbaum con su canción “All blue and Grey”, se suma en la banda sonora, dando un paso importante en su carrera como solista, película que al ser vista por mas de tres mil seiscientas personas se convierte en un éxito de taquilla.

La música de Winifrede no es pretenciosa, sino todo lo contrario. Su voz se sumerge en dulces melodías mezcladas con una cadencia nocturna que nos conducen a un espacio tiempo casi cinematográfico (influye también la incursión en este ámbito de la cantante, haciendo ella la mayoría de los videoclips que acompañan estas canciones, como es el caso de My Heart and I Know, In my Dreams, Good y Mmmmmm.), donde somos personajes dentro de sus historias. Economía de medios,  si se desea, pero se percibe en este proyecto la analogía de “a menos es más” con un lenguaje pulcro y elegante musicalmente hablando.

Cuando una música podría haber sido hecha en cualquier lugar del mundo, es cuando uno cree estar frente a algo grande y es por esto que este proyecto que combina la voz de Winifrede y la colaboración de grandes y reconocidos músicos nacionales, tiene que realizarse como disco, eligiendo como lugar los estudios Agartha, un reconocido estudio de grabación que está basado en Pro Tools HD, combinando lo mejor de lo análogo con lo más adelantado de la era digital, para obtener así una remasterización que le haga mérito a la calidad musical de este proyecto  que se adelanta a lo que estamos acostumbrados, como público, a oír en Santiago de Chile.

Para oír el proyecto solista de Walbaum: http://soundcloud.com/winifredewalbaum

Fotografías de Catalina Vega Salazar

 No sólo existe lo que puede verse, existe también lo que se intuye”

Ray Loriga

En “La Ventana Indiscreta”, film de Alfred Hitchcock, toda la acción  ocurre en un block de departamentos en el 125 de la calle 9 Oeste, Greenwich Village, al sur de Manhattan; y para ser más precisos aún, todo ocurre entre los edificios que rodean un patio.  Sin embargo nada de esto existe; todo este escenario es una perfecta ficción que simula una realidad que cumple con la necesidad visual del cineasta.

Existe hoy en día una pérdida de los referentes reales que le hacen un grueso favor a la realidad virtual, y por ende, a una creación de un impecable reality show en el cual la misma realidad se ofrece como un espectáculo. Las personas solemos mirar en plano general. Sin embargo, con el ejercicio de la fotografía y a través de la cámara podemos seleccionar sin mayores inconvenientes un plano en particular, es decir: el espacio que queremos mostrar. Es en esta selección cuando se divide el espacio fotografiado en dos campos, el que se ve y el que se intuye. Es así como el encuadre nos oculta y devela solo una parte de la realidad representada.

Es en este engaño al espectador donde aparece la serie fotográfica “Esto no ha sido”, proyecto en el cual la autora nos invita a una cálida casita en la pradera donde al parecer nada ocurre, y nos hace suponer que el humano que no se muestra ha estado ahí por las huellas que ha ido dejando su sutil presencia; lo sabemos por sus sombras o por la puerta entreabierta de un refrigerador abandonado a su suerte. La escena montada en este teatro ficticio es además humanamente iluminada por focos direccionados instintivamente, luces que son un elemento clave en estas fotografías puesto que no dejan nada al azar, manejando la mirada del espectador hacia objetivos específicos que nos hacen suponer que tarde o temprano, algo ocurrirá. Algo que bien podría ser una catástrofe debido a ese abandono de los personajes alojados dentro de este círculo familiar absolutamente vacío y montado, con la impecabilidad de las pruebas objetivas de la fotografía forense.

Cuando por fin se nos invita a un paseo por esta casa ilusoria, vemos que la unidad básica de toda sociedad; la familia, ha sido transgredida en un pestañar de ojos. Al comienzo de las fotografías se está escribiendo la realidad, para luego, cuando estamos absolutamente seguros de una cierta falta de acción, se describe ésta como un crimen y nos muestra que esto si ha sido aunque efectivamente, jamás haya ocurrido. Es ahí donde esa transformación de lo real mediante la ficción comienza a tomar forma y se visualiza la idea de espectáculo como un montaje de una obra fríamente calculada para engañar al que mira.  Esta ilusión ocurre puesto que los referentes son completamente maleables aunque supongamos que la fotografía siempre depende de una realidad.

Así como en Hitchcock, “Esto no ha sido”, emula una realidad usando la ficción como soporte. Tanto en el film como en este proyecto fotográfico, la única forma de tener el control absoluto sobre la escena, es dentro de un set pre armado, que entrega posibilidades infinitas en el manejo de la luz y de los planos a exhibir. Todo es visto desde la posición que el autor ofrece, haciendo que la línea que separa la ficción de la realidad, sea completamente delicada. Es decir: mera distracción.

 

Fotografías de Marisa Niño

Sala Joaquín Edwards Bello, Centro Cultural Estación Mapocho

24 de Junio al 24 de Julio, 2011. Entrada liberada.

Tengo el gran placer de ser guía de mi propia exposición y mejor aún, hablar de esa tal Marisa Niño como si fuera una otra al estilo Rimbaud, o una heterónima a lo buen Pessoa.

De martes a viernes abro mis oídos a los comentarios del público que visita “Pabellón”, observo detenidamente sus rostros, la forma como abren sus ojos, lo particularmente estoico que les resulta mantenerse firmes frente a alguna de las fotografías, la manera como gesticulan con las manos o como lentamente en algunos, empieza a desfigurarse el rostro, darme cuenta cómo algunas mujeres salen de la Sala afirmándose orgullosas sus tetas; como un trofeo, como el mejor de todos los trofeos. O esos que ni siquiera cruzan el umbral de la puerta y se dan media vuelta retirándose indignados y asqueados, exigiendo un aviso previo que los haya alertado de tan brutal escenario fotográfico.

Hay un gran porcentaje de personas que no quiere ver el cuerpo humano así: trozado, destruido, abierto, desmembrado, sangrante, anestesiado.  Hay gente a la cual no le interesa ver la carne CARNE, las entrañas y los músculos, la piel desde el otro lado, la sangre que jamás se queda quieta, la belleza de un esternón iluminado con miles de watts quirúrgicos.

A esa gente no le interesa saber como se es por dentro, ni por morbo ni por curiosidad. A veces pareciera que el marco blanco opacara la repulsión pero ni tanto, pareciera que al saber que éstos  humanos están vivos alivianara la situación, pero ni tanto tampoco.

¿No es fascinante acaso saber el orden de las capas de piel que existen hasta llegar por fin a los músculos? Y pasar por esos sienas, ocres, naranjos… ¿hasta llegar al rojo? ¿No sería maravilloso poder verse… verse realmente? Es como poner veladura tras veladura de pintura, hasta llegar por fin a la media tinta. Entiendo estas opiniones y las respeto profundamente, pero no comparto la poca curiosidad, el poco aguante, la falta de cojones, es decir: si te molesta algo, has que te moleste más. Si te duele algo, has que te duela más.

Recién ahí la mirada comenzará a desviarse a una esquina que antes no lograste ver.

Están los otros también, esos que salen maravillados, esos que llegan a entender que el cuerpo de tan cuerpo que es comienza sutilmente a dejar de serlo. Pasa a ser un close up de texturas y colores, un perfecto paisaje sangriento. Un escenario donde todo, absolutamente todo es posible, una máquina perfecta en venas y articulaciones que se mantiene con vida por si solo.

Llegan esos personajes que se repiten el plato una y otra vez, llevando nuevos invitados en casa ida, como si fuera un regalo visual o un pequeño presente estético.

Y tampoco disfruto la alabanza, no hay nada que me parezca más terrorífico que la idea de una dulce aceptación y un condenado éxito, porque finalmente cuando una obra es medianamente lograda ella sigue viviendo su propia vida, en alguna parte que simplemente desconozco, muy al margen de todo y muy poco puede entonces hacer por la vida de su autor, la idea es “que el tono de tu voz lo conozcan sólo algunos y que nadie sepa lo que piensas”[1]

Creo sin embargo que el placer y el dolor siempre han sido los atributos de la carne y uno existe por que el otro existe y viceversa. Finalmente cada uno sabe el dolor y la delicia de ser lo que es y no lo olvide: de cerca, nadie es normal.


[1] Enrique Vila Matas

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